Si quieres criar niños mejor preparados, diles ‘no’

A pesar de la tentación de los padres de ceder a todos los deseos de sus hijos, las investigaciones demuestran que hay un lado traicionero detrás del afán por poseer todas las cosas nuevas que tienen los demás. Este anhelo fomenta una sensación de carencia que nunca puede satisfacerse. Primero, quieren la muñeca, después todos sus accesorios y, más tarde, por supuesto, la mansión de cuatro niveles en la que vive.

Así que me he propuesto decir no algunas veces. Al principio, como se imaginan, mis hijas de cuatro y nueve años de edad se rebelaron. Me tacharon de ser un mal padre y recibí una gran cantidad de miradas infames. Sin embargo, con el paso del tiempo, se dieron cuenta de la diversión que puede surgir a partir del no. Ahora mis hijas saben que la muñeca Barbie puede jugar con peluches y muñecos de otro tipo, lo que les otorga a los juguetes una segunda vida.

Y resulta que decir que no también es valioso más allá de ser una manera de evitar niños consentidos. Cuando les damos a nuestros hijos lo que quieren todo el tiempo, les quitamos la oportunidad de encontrar soluciones que se adapten a lo que ya tienen. Los niños que aprenden de la negativa se dan cuenta a temprana edad de que no siempre contarán con la herramienta perfecta para cada trabajo. Es posible que no sepan algo, que no tengan algo o no sean algo, pero eso no significa que dejen de perseguir sus metas; más bien es el momento para comenzar a activar su capacidad de usar sus recursos y encontrar otro camino.

Los pequeños son ingeniosos por naturaleza. Si a los niños de uno a tres años de edad les damos un sartén, podrán imaginarse todo tipo de usos. Como adultos nos quedamos estancados en su uso para freír comida. Perseguir cosas que no necesitamos durante muchos años disminuye nuestra propia capacidad de sacar provecho a lo que ya tenemos. También es un mal ejemplo para nuestros hijos.

En un estudio, los investigadores les pidieron a niños de primaria que ayudaran a el oso Bobo, un muñeco de peluche, a alcanzar su león de juguete con la ayuda de algunos materiales: bloques de construcción, un lápiz, una goma, una pelota, un imán, un auto de juguete y una caja de madera.

Los niños de mayor edad fueron capaces de desarrollar más formas para resolver este tipo de problema. En promedio, los niños de seis y siete años de edad lograron dar con la solución correcta más rápido (poner los bloques de construcción encima de la caja de madera), que los niños de cinco años de edad.

Sin embargo, hubo una condición en el experimento con la que los niños más jóvenes superaron a los más grandes y no tuvo nada que ver con el talento nato ni las tendencias artísticas.

Los investigadores hicieron un cambio sutil en la manera de presentar los materiales. En lugar de colocarlos sobre una mesa, utilizaron la caja de madera para poner todo lo demás dentro. A los niños más grandes les costaba trabajo considerarla algo más que un recipiente. Para los niños más pequeños, la caja continuaba siendo un recurso tan flexible como antes.

Cada vez que accedemos a comprarles todo lo que piden, los condicionamos sutilmente a que consideren que sus recursos tienen usos limitados. Una negativa cada cierto tiempo los forzará, en este caso de modo literal, a pensar fuera de la caja.

En varias culturas occidentales se tiende a ver la abundancia como símbolo de éxito, lo que incita a algunos padres a comprar cosas que en realidad no pueden costear. Como prueba tenemos las fiestas para celebrar los 15 años, o en otros casos la mayoría de edad de los hijos, que suelen organizar padres de todos los niveles socioeconómicos, incluso si hacerlo significa endeudarse.

Mucha gente que creció con carencias reconoce el ingenio como una habilidad esencial para salir adelante. Aquellos que tuvimos la fortuna de crecer en relativa abundancia nos podemos beneficiar de pasar por momentos ocasionales de escasez.

Por supuesto, no estoy sugiriendo que a los niños se les niegue el suministro de cosas que sí necesitan, como comida saludable, ropa y amor.

Sin embargo, muchos de los deseos que les cumplimos generan el mensaje equivocado. Cuando hacemos que los niños experimenten escasez de vez en cuando, los ayudamos a resolver problemas de modo más eficiente.

En otro estudio, realizado con adultos, un grupo de participantes escribió un breve ensayo acerca de algún momento de su niñez en que no hubieran tenido muchas cosas; simultáneamente, otro grupo escribió acerca de crecer con lujos. Después, los investigadores les plantearon a ambos grupos un problema que requería utilizar plástico de burbujas de maneras distintas. Aquellos que pertenecían al grupo que experimentó escasez ofrecieron mejores soluciones en comparación con el grupo que creció en la abundancia.

Esta estrategia ha funcionado maravillosamente en nuestra familia y recibí el mejor halago posible después de la fiesta de cumpleaños de mi hija mayor. Me dijo alegremente: “Fue el mejor día de mi vida”. En lugar de gastar en una fiesta, organizamos una búsqueda del tesoro en un parque cercano y les pedimos a los niños que exploraran el área en búsqueda de cosas que pudieran utilizar para resolver problemas; por ejemplo, para crear recipientes que pudieran proteger un huevo de una caída de 30 metros. Los niños se dividieron en tres equipos, cada uno con una combinación única de materiales diversos como periódico, tazas, tierra, algodón y plástico de burbujas.

Todo iba bien hasta que llegamos a casa. “¿Ya puedo abrir mis regalos?”, me preguntó mi hija. “Sí”, respondí dudoso. Tendré muchas más oportunidades en el futuro para mi próximo no.

Vía New York Times
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