La culpa secreta que sienten los padres distraídos

Tu teléfono parece atraerte de modo muy seductor cuando estás cuidando a tus hijos en el parque. Hay una razón, seamos sinceros: cuidarlos en las áreas de juegos puede volverse obsoleto para ti mucho antes que para tus hijos.

Hace poco, durante una reunión de pediatras en la que discutíamos el anuncio de la Academia Americana de Pediatría sobre las nuevas recomendaciones acerca de la limitación del tiempo de pantalla para los niños, inevitablemente el tema dio un vuelco hacia los padres y los peligros del famoso término “paternidad distraída”.

Los padres están en el parque de juegos mirando sus teléfonos mientras sus hijos juegan sin vigilancia. Los padres en la liga de béisbol infantil están revisando sus correos electrónicos y se están perdiendo el gran momento de su hijo al bate. Durante la cena, los padres se enfocan en sus pantallas y no en lo que sucede con la gente real sentada a la mesa.

No nos gusta admitirlo, pero cuidar niños pequeños puede ser muy tedioso. Cuando mis tres hijos eran pequeños, no hubiera logrado superar esa etapa sin ciertos distractores.

Creo firmemente que los niños necesitan atención e interacción, conversaciones, escuchar historias y leer en voz alta, también discusiones sobre lo que ven y hacen, juegos y bromas familiares, y todo aquello que sucede dentro de la vida en familia.

Los cerebros de los bebés crecen y se conectan como respuesta a la riqueza de la “sopa lingüística” en la que están inmersos; la Asociación Americana de Pediatría recomienda “regazos, no apps” o “más libros, menos aplicaciones”, y soy muy escéptica de cualquier aparato electrónico dirigido a los más pequeños que se anuncie como “educativo” (e incluso soy especialmente escéptica cuando hay “estudios” o “evidencia” que respaldan la publicidad).

Sin embargo, soy bastante mayor como para haber tenido la oportunidad de revisar mi correo electrónico en mi teléfono mientras me sentaba a la mesa durante el desayuno cuando mis hijos eran pequeños, o cuando pasaba el tiempo con ellos en el parque de juegos o cuando hacía mi trabajo voluntario en la guardería donde estaban inscritos. Por lo tanto, puedo decirlo con toda la santurronería necesaria: yo jamás hice tales cosas. ¡Dios me libre!

Por supuesto, mis hijos podrían reclamarme que casi nunca nos sentábamos a desayunar; casi siempre nos llevábamos algo para el camino. Y también podrían señalar que cuando sí nos sentábamos a la mesa a comer, yo leía el periódico a escondidas. También llegué a sacar un libro de mi bolsa cuando estaba en el parque de juegos si creía que podía pasar desapercibida. Y si mencionamos viejos aparatos electrónicos, en nuestra guardería había un padre —un profesor muy importante— que era capaz de hacer su trabajo voluntario con su Walkman puesto (¿se acuerdan de esos?).

En todo caso, puedo poner como ejemplo a Abraham Lincoln, de quien se cuenta que a mediados de 1800, por una calle de Springfield, Illinois, llevaba de paseo a sus hijos en una carretilla mientras leía un libro (la historia cuenta que siguió leyendo a pesar de que uno de sus hijos se cayó de la carretilla).

“Pienso que el término distraído abarca mucho”, dice la Dra. Jenny Radesky, una pediatra especialista en desarrollo conductual, profesora de Pediatría en la Universidad de Michigan en Ann Arbor y una de las autoras de la nueva política de la Asociación Americana de Pediatría sobre el uso de dispositivos electrónicos para niños desde el nacimiento hasta los cinco años. Sí, afirmó, hay muchas distracciones no electrónicas; sin embargo, el problema es que la tecnología interactiva y las redes sociales digitales están diseñadas para ser trampas emocionales y crear hábitos.

Así pues, necesitamos ocuparnos sobre cómo nuestras relaciones personales son afectadas por la enorme disponibilidad (o intrusión) de los mensajes y la conexión digital en todo tipo de entretenimiento. Debemos ser cuidadosos con nuestra propia vagancia en el mundo de los medios electrónicos y debemos vigilar lo que hacemos durante las comidas, la hora de dormir y el tiempo en familia.

Por otro lado, dice la Dra. Radesky, esos mismos aparatos pueden ayudar a los padres estresados a sobrellevar su día. “Es una enorme fuente de humor y de liberación de estrés, además de ser una conexión con el trabajo”, dijo. “La tecnología es una herramienta; el asunto es cómo se utiliza”.

La culpa que acompaña al tiempo que los padres pasamos conectados puede volverse otra manera de provocarnos profunda vergüenza por no ser los padres que esperábamos; no se trata solamente de ser padres mediocres porque nos dedicamos a pasar el dedo sobre la pantalla, se trata de que miramos el teléfono porque estamos aburridos en compañía de nuestros queridos hijos.

En un mundo perfecto, nos reuniríamos con amigos en el área de juegos y tendríamos conversaciones con gente real mientras todos disfrutamos al ver a nuestros hijos jugar, lo cual es otra de las razones por las que debemos tratar de apartar la vista de nuestros teléfonos y hablar con la gente que nos rodea. La mayoría de nosotros necesita contacto adulto de algún tipo, y eso no debería hacernos sentir mal.

“Criar niños pequeños es agotador para tu cerebro”, dice la Dra. Radesky. La tecnología puede ayudar, dice, “si los padres se organizan mejor o liberan mejor el estrés cuando hablan con un amigo o les mandan mensajes de texto”.

Estamos distraídos porque atender a niños pequeños día tras día puede ser agotador. La paradoja de la paternidad es que los minutos y las horas pueden pasar lentamente: te puedes encontrar atorado en los 15 minutos más largos del mundo que a su vez son parte de esos primeros años que pasan tan rápido.

Disfruta esos momentos en el parque de juegos y vigila los pasamanos. La seguridad es primordial. Si los niños son suficientemente grandes y están bastante seguros para que tú puedas distraerte, es posible que tengas unos cuantos minutos para echarle un vistazo a tu vida de adulto, pero recuerda que parte de tu trabajo como padre es establecer límites.

Además, considera que antes de que te des cuenta estarás, lo creas o no, diciéndoles a tus hijos adolescentes que aparten los ojos de sus pantallas, así que compórtate de acuerdo con las reglas de una conversación civilizada que quieres que tus hijos aprendan.

Y ya que hablamos de conversaciones civilizadas: platica con ellos, lee para ellos, responde sus preguntas, formula algunas y acepta de buena manera cuando te señalen tus errores ocasionales.

Sí, me fijé en ese hombre en la cafetería que estaba tan absorto en su tableta que ignoraba los ojos brillantes de su hijo. No seas ese hombre. Sí, también observé a aquella mujer que caminaba por la calle con su pequeño hijo mientras estaba enteramente dedicada a su llamada telefónica. Tampoco seas ella. Excepto, claro, cuando de vez en cuando todos somos esa persona.

Vía New York Times

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