“Anule esa prueba”

Este año no hubo un criterio único para los exámenes de reparación. Si la norma se interpreta al pie de la letra, tendrán hasta seis pruebas. Los colegios piden volver a clases con reglas claras. Por Joseph Poliszuk

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De a poco, las llamadas pruebas remediales han sido modificadas en buena parte de los planteles del país. Cada escuela, sin embargo, ha venido aplicando su propio modelo

Este año tuvieron tres exámenes de reparación: reprobaron uno, luego otro y cuando todo estaba perdido, llamaron del Ministerio de Educación para que anularan la segunda prueba y dieran una nueva oportunidad. La anécdota viene del colegio Emil Friedman de Caracas, donde confirman lo que desde el mes pasado han estado murmurando en otros planteles públicos y privados de la capital: los exámenes remediales -mejor conocidos como de reparación- se repitieron varias veces por disposición del Gobierno nacional.

Hace tiempo que el Ministerio de Educación viene anunciando cambios en los llamados exámenes remediales. Ya en 2006 había obligado a repetir pruebas de reparación en planteles públicos de El Valle, Coche y otras zonas de Caracas pero de a poco, la medida llegó a buena parte de los planteles públicos y privados del país.

“Este año empezaron a aplicarla de manera mucho más fuerte”, explica la presidenta de la Cámara Venezolana de la Educación Privada, María Teresa Hernández de Curiel. “Están aplicando una circular que regula de manera transitoria las materias pendientes, que antes se conocían como de arrastre, para los exámenes remediales o de reparación”, agrega el director del colegio Emil Friedman, Pablo Arguello.

Todo empezó en agosto del año pasado cuando la ministra de Educación, Maryann Hanson, firmó un oficio que exigía repetir las evaluaciones de quienes reprobaran las materias pendientes que arrastraban desde el período anterior. Agarrados de ese documento, los supervisores de zona pidieron aplicar el mismo criterio para los estudiantes que rasparan en reparación.

En junio, cuando ya no quedaba mucho para cerrar el período escolar, desengavetaron la famosa circular y pidieron que la hicieran extensiva a los que volvieran a fallar en reparación.

Y así fue. Tanto que los docentes reacios fueron sustituidos por otros. “Se demostró en un caso que un alumno no había hecho ningún trabajo durante el año escolar y que había sacado 02 en la prueba remedial, lo que indica que no estudió, pero a pesar de eso los funcionarios del distrito escolar obligaron a que otro profesor del mismo colegio le repitiera el examen”, cuenta Hernández.

“Misión Pasar”

Es verdad que hay profesores que alimentan el mito de que son mejores mientras raspan más alumnos, pero Hernández está segura de que no se puede crear un sistema de facilidades que arrume valores como el de la excelencia.

“Se está mostrando a los alumnos que no estudiaron durante el año como débiles”, lamenta. “Una persona de cualquier edad tiene que entender que toda mala conducta desencadena una consecuencia y si al final del año escolar ha tenido la oportunidad de repetir pruebas, por qué hay que volver a hacer lo mismo en julio”.

Aun es pronto para dar conclusiones sobre esta medida. Lo que Hernández puede adelantar es que ha visto estudiantes que se ponen de acuerdo para raspar en equipo, desde que la ley obliga a repetir cualquier evaluación en la que 30% de un salón de clases haya reprobado.

También ha notado una serie de padres que -a pesar de no simpatizar con el Gobierno nacional- acuden al Ministerio de Educación para que exijan más oportunidades para sus hijos, mientras que en otra esquina encuentra docentes que se sienten invadidos en sus aulas y hasta resignados a bajar el nivel de exigencia.

Y no es una situación exclusiva de los colegios privados: en la Unidad Educativa Tomás Vicente González cuentan el caso de un joven que terminó presentando su segundo examen de reparación en otra escuela de Caricuao: su profesor se negó a obedecer los nuevos parámetros por lo que terminó pasando en otro liceo.

Es una política que parte de un feroz populismo, una suerte de “Misión Pasar”, concluye Leonardo Carvajal, autor del libro Mitos, realidades y propuestas educativas. “No soy partidario de que los profesores sean Herodes cortando cabezas pero tampoco se trata de promover a un estudiante de cualquier modo”, señala.

Silencio gubernamental

Hace tiempo que la Revolución viene pidiendo más oportunidades para los estudiantes de la República Bolivariana de Venezuela. Ya lo anunciaba el gobernador de Anzoátegui, Aristóbulo Istúriz, en octubre de 2006 cuando estaba al frente del Ministerio de Educación: “Si a mí me queda más de un tercio de los alumnos yo tengo alguna responsabilidad como profesor”.

En esa onda, el Ministerio de Educación estableció que los docentes tenían que repetir cualquier actividad en la que reprobara 30% de los estudiantes de un salón. Luego permitió que los estudiantes arrastraran dos y no una sola materia; más tarde movió los exámenes de reparación para julio y otorgó el derecho de que cualquiera pudiera presentarlos, aun para los que hubieran reprobado todas las asignaturas.

Este año, por su parte, presentaron la circular sobre la que sostienen la idea de repetir las pruebas remediales y dividirlas, de igual forma, en tres actividades independientes que no limiten la evaluación a una mera prueba escrita.

En los planteles, sin embargo, nadie tiene claro cómo van aplicar seis actividades diferentes en las dos semanas programadas para las pruebas remediales. La famosa circular número 006696 señala que “las evaluaciones pueden realizarse a través de pruebas orales y escritas, trabajos de investigación, exposiciones, trabajos prácticos, informes, entrevistas, de forma integral por áreas”, y agrega que “estas evaluaciones deben ser presentadas en días diferentes”.

Si la norma se interpreta al pie de la letra, un estudiante con dos materias raspadas podría presentar 12 evaluaciones en dos semanas. Ni hablar de los que reprueben todas las asignaturas…

En el Ministerio de Educación no hay quien hable sobre el tema. Hace más de un mes que sus funcionarios quedaron en canalizar respuestas para esta entrega, pero esta semana volvieron a quedar en veremos. Los llamados exámenes remediales, entretanto, se han venido aplicando de manera diferente en todo el país.

Hay imprecisiones y vacíos entre las nuevas circulares, la Ley Orgánica de Educación y el reglamento vigente. El director del Colegio Emil Friedman, Pablo Arguello, anuncia que elevará una solicitud a la Consultoría Jurídica del Ministerio de Educación, para que los estudiantes y profesores vuelvan a clases con reglas claras.

“El problema fundamental está en la falta de precisión en los criterios que aplican para temas como el de la evaluación”, explica. “Del año 2000 para acá ha habido un relajo en cuanto a la aplicación de ciertas medidas, que muchas veces se han dejado a criterio de funcionarios”.

Cantidad versus calidad

La última Memoria y Cuenta del Ministerio de Educación señala que en 2012 la deserción escolar y la repitencia disminuyeron 6% y 5%, respectivamente. “Aumentaron los graduandos pero a qué precio”, pregunta Leonardo Carvajal, de la Asociación Civil Asamblea de Educación.

En cuestión de 10 años, el grupo de 300.000 venezolanos que salían con un título de bachiller ha ido creciendo hasta 500.000. Más allá de ganar indulgencia en los foros mundiales, los expertos suponen que el Gobierno ha venido dando facilidades para que cada vez sean menos los jóvenes que abandonen las aulas.

El ministro de la Juventud, Héctor Rodríguez, reveló el mes pasado que un millón de jóvenes no hacen nada. “No está escolarizado ni trabajando”, declaró a Efe. Pero del otro lado de la moneda, hay quienes se preguntan si la inclusión pasa por bajar el nivel de todo el sistema.

Hasta en los foros de Aporrea.org hay peros a la hora de abordar el tema. “La seguridad que tienen muchos estudiantes y sus padres de que, vía remediales, aprobarán a como dé lugar cada grado, empeora la situación”, opinó el educador, Jorge Ochoa, en una nota que publicó el 15 de junio en esa plataforma. Desde Margarita, la presidenta de la Asociación Nacional de Instituciones Educativas Privadas, Yanet Márquez, agrega que en lugar de fomentar la capacidad de análisis, los alumnos cada vez han encontrado más facilidades.

¿Qué clase de ciudadanos estamos formando? Carvajal recuerda que la última vez que Venezuela midió su rendimiento educativo fue hace 16 años: el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad Educativa midió en 1997 las destrezas de los jóvenes de 10 años que entonces cursaban 4to grado y el resultado advirtió que los de acá eran los peores en matemáticas y tenían el noveno lugar de comprensión lectora en una lista de 12 países de la región.

Esos niños ya debieron haberse graduado. ¿Pero qué hay de los que han venido recibiendo el testigo? Solo el gobierno del estado Miranda ha empezado a medir el rendimiento escolar, a través del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes adscrito a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico.

La última prueba se aplicó en 2010 a nivel mundial y sus resultados ubican a los jóvenes de Miranda en la mitad de América latina, por encima de sus pares brasileños, colombianos, argentinos y panameños, pero por debajo de los costarricenses, chilenos, uruguayos y mexicanos.

Las mejores notas, sin embargo, vinieron de los colegios privados de la capital. “Necesitamos gente más competitiva para que Venezuela salga adelante”, opina Hernández. También hacen falta reglas claras, añaden en el Emil Friedman, donde este año tuvieron jóvenes hasta con tres exámenes de reparación.

“Como las resoluciones no están claras decidimos repetir la prueba remedial a unos muchachos a pesar de que el número de reprobados era menor a 30%”, cuenta Arguello.

Uno de los representantes llevó el caso al Ministerio y así terminó un supervisor dentro del plantel. “Dijo que el examen reunía todos los criterios técnicos pero como los muchachos volvieron a ser aplazados, llamaron de nivel central y le dijeron: ‘anule esa prueba'”.

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